Seleccionar página

Paloma Pájaro, 2016. Artículo publicado en Art.es.

Las aceras en São Paulo son propiedad de los dueños de las casas. Su mantenimiento no depende de los organismos públicos, cada vecino dispone de ellas como mejor le parece: puede adoquinarlas o cementarlas, sembrarlas de césped o abandonarlas a su suerte (en este caso recibe una multa del ayuntamiento), pintarlas de colores, destruirlas, cubrirlas de oro… Además, la naturaleza indómita de los árboles centenarios funda su propio imperio y nervudas raíces quiebran el pavimento cada pocos metros, angostando el paso. Esta condición dota a la ciudad de una singularidad precisa: su alma feroz y excesiva se expresa sin reparos a través de una morfología montaraz. São Paulo es una selva de 22 millones de habitantes en su área metropolitana, según el censo de 2010.

Y porque las aceras resultan intransitables, aquí apenas existe la cultura del paseo. El peatón ha perdido su decimonónica condición de “flâneur” (paseante) y vive arrinconado en los espacios protegidos de los condominios, dentro de los parques o de los sólidos muros de los centros comerciales. Aquí uno ya no camina, simplemente se hace transportar por las máquinas: coches, taxis, Ubers, helicópteros, motos y autobuses. El metro es una quimera: lo usan millones de pasajeros cada día, pero no basta.

Marco una dirección en Google Maps e imprimo la hoja de ruta. Hora estimada de llegada: dos horas y cinco minutos. Destino: la casa de la artista Regina Silveira, miembro del Consejo Asesor Artístico de art.es. Fernando Galán nos ha puesto en contacto. Empiezo a caminar, convencida de que, aunque en São Paulo los peatones han perdido la batalla, yo defiendo una causa épica: las ciudades hay que caminarlas. De lo contrario, no existen, se me vuelven opacas, inútiles.

Atravieso la avenida Francisco Morato: es la selva de nuevo. Aquí y allá pregunto por ciertas referencias que aparecen en el plano. Una mujer se escandaliza con extrema suavidad: “¡Longe, longe!” (¡Lejos, lejos!), dice. El empleado de una gasolinera muestra la misma admiración: “la Rua Butantã está más allá del puente, imposible llegar a pie”. Pero yo atravieso el puente, la Rua Butantã, un mercado callejero donde venden frutas espléndidas, calles grises y bulliciosas que me recuerdan a África, la avenida Faria Lima, sobrecogedores callejones desiertos, muros altísimos coronados por alambradas electrificadas, cámaras de videovigilancia, coches blindados, mansiones, pavimentos reventados en torno a los soberbios plátanos y amasijos de cableado eléctrico sobre mi cabeza. Más allá de esta espesura terrible, llego a un rincón hermoso donde me espera Regina.

Rerum Naturae with Mundus Admirabilis, 2010
Glazed porcelain, embroidered linen, adhesive vinyl, wood and steel table.

Entrar en su casa es asistir a su propio paisaje interior, aquel que Regina ha construido a lo largo de su extensa carrera profesional y del que se rodea: personas, obras, cosas, recuerdos, laberintos, animales. Su estudio se encuentra en una sala adyacente. Uno de sus asistentes me saluda discretamente mientras ella despliega algunos catálogos sobre la mesa. Y también sombras, insectos y cielos azules recortados en vinilo. Me explica uno de sus próximos proyectos, Nossa Calçada (Nuestra calle), parte del programa de actividades de ZLVortice, que, además de la natural motivación artística, contempla una profunda vertiente educativa: amparada por algunas instituciones fuertes de la ciudad, Regina enseña a sus comunidades marginales a usar los nuevos ladrillos hidráulicos para hacer diseños en sus aceras. Mi experiencia reflexiva sobre las aceras de São Paulo ha encontrado una aliada estimulante. La zona Este es un territorio de ocupación desordenada, con insuficientes servicios públicos, que acoge un volumen enorme de población venida del norte y del nordeste del país. Ocupa las tierras bajas del río Tietê, que se inundan con frecuencia tras las fuertes lluvias que arrasan casi cada tarde la ciudad en verano. El río todavía no está canalizado, ni existen espacios públicos, ni aceras.

A las nueve en punto cogemos un taxi y nos dirigimos hacia la Galería Luisa Strina para la inauguración de Muntadas. Juntas, nos adentramos en un viaje por las periferias oscuras y nocturnas de los canales de Venecia. Dérive Veneziane es una instalación audiovisual que el artista barcelonés elaboró en 2015 y que también habla, como Balzac, de la flânerie (paseo), tratando de situar poéticamente al paseante que vagabundea por las calles vacías, noctámbulas y misteriosas de una Venecia sin turistas. Cuando miro a Regina, parece estar volando…

Primeras luces y un fuerte olor a frutas cuando llega el Uber. Por culpa del tráfico, tardaré dos horas y media en llegar al aeropuerto, de modo que giro la cabeza hacia la ventanilla y observo las arterias colapsadas de la Marginal Tietê que no generan estrés en los conductores: ningún vehículo acelera bruscamente, ni hace sonar el claxon, ni vira peligrosamente para cambiar de carril. Esa maniobra resulta arriesgadísima: miles de motos circulan veloces por los espacios que quedan entre los carriles. A mí me gusta la velocidad y los coches. Al igual que Marinetti, podría asegurar que no hay nada más bello que la entrada colapsada a un túnel de la avenida Rebouças: dos serpientes de luces parpadeantes, rojas a la derecha, blancas a la izquierda, discurriendo a través de una cadencia etérea, casi metafísica, mental.

Estoy de acuerdo con Werner Herzog cuando, tras rodar Fiztcarraldo, dijo a propósito de la selva: “Viéndolo más de cerca, existe en lo que nos rodea una especie de armonía: la armonía del arrollador asesinato colectivo (…) Pero, cuando digo esto, lo digo lleno de admiración por la selva. No quiero decir que la odie sino que la amo profundamente. Pero la amo en contra de lo que me aconseja mi juicio”. São Paulo es una ciudad monstruosamente bella, una jungla que exhibe con honestidad brutal el acto criminal de existir más allá de toda justicia, de toda norma, de toda sensatez. Esto es la selva…, y es más fuerte que nosotros.

Principales galerías de arte: Baró, Bolsa de Arte (con su galería central en Porto Alegre), Casa Triángulo, DAN, Emma Thomas, Fortes D’Aloia & Gabriel, Luciana Brito, Luisa Strina, Mendes Wood, Milán, Nara Roesler, Pivô, Raquel Arnaud, Vermelho.

Principales instituciones: Centro Cultural Banco de Brasil, Instituto Tomie Ohtake, Itaú Cultural, Museo de Arte Contemporáneo (MAC, con dos sedes: Ciudad Universitaria y Parque de Ibirapuera), Museo de Arte de São Paulo (MASP),  Pinacoteca del Estado.

Principales eventos: Bienal de São Paulo (la más veterana del mundo tras la de Venecia; próxima edición: septiembre, 2018), feria de arte SParte (próxima edición, la 14ª: 11-15 abril, 2018), ZLVortice (Proyecto de Investigación y Prácticas Urbanas Experimentales, coordinador: Nelson Brissac).